domingo, 15 de noviembre de 2009

-La tarde-


Noto en sus correos
que mi mejor amiga
ha dejado de quererme.
Me exige un silencio de costra
porque estos versos,
y otros atentados, dice,
desvelan su prodigiosa
vida a los vientos
y a las hadas más ridículas
del bosque.

Con infinita tristeza
le digo que lo siento.
Salgo al balcón, veo anochecer
en El Abra y noto el impulso
infantil y necesario de que
dos lágrimas rueden
con sus pariguales
hasta perderse en el horizonte.

¿Qué sentido tiene ya todo,
la tarde, el libro, el café,
los planes de conquista
si mi mejor amiga
ha dejado de quererme?
Lo dejaré todo.
Mandaré quemar estos papeles
y seré otro, sin corazón,
el que camine por las calles.